Artículo del día de Pilar López Bernués: CAMINOS DE ROSAS, DE ESPINAS Y… ¡DE PEDRUSCOS!

Dicen que hay caminos de rosas y otros de espinas… Bueno, también los hay de pedruscos incandescentes, ¡doy fe de ello!

Los lectores que me conocéis, o que habéis asistido a algún libro-fórum, ya sabéis la cantidad de piedras que he encontrado en mi camino literario; suele ser una premisa que comparten la mayoría de actividades culturales o artísticas a menos que “suene la flauta” o se cuente con contactos suficientes. Lo sé, no me quejo de ello, pero sí de los incontables “palos en las ruedas”.

Se invierte mucho tiempo e ilusión sin percibir nada a cambio mientras se crea una obra; y una vez concluida, ni siquiera hay garantías de que vea la luz o, en caso de verla, permita al autor cobrar por su trabajo… Pero un autor escribe, pinta o compone música por propia necesidad, porque su mente es como una esponja que absorbe el entorno, lo transforma con la imaginación… y siente el imperativo de plasmarlo, más allá de si ello le permite vivir de sus creaciones, o no. No lo niego y lo asumo.

Pero os voy a contar mi experiencia personal porque igual os echáis algunas risas (mejor reír que llorar, que lo primero es muy sano):

Como no soy nada comercial (no le vendería una estufa a un esquimal ni con descuento) decidí que necesitaba un representante cuando tenía dos libros inéditos, algunos cuentos y demasiados “NO” a la espalda.

Tras varias tentativas frustradas buscando una Agencia que pudiera representarme, miré en una revista de anuncios, de esas que publican un poco de todo…: Encontré a un agente literario, ¡que no le era!.

No me mintió en eso, dijo que lo hacía como un extra, porque le gustaba, y que ya tenía como representados a una chica que se dedicaba al básket y a un joven futbolista, ambos en Francia. Pero me engañó y tuve que localizarlo con un detective (se trató de una broma pesada de un niñato idiota, supongo). Se había quedado con dos novelas y varios cuentos, me dio nombre y dirección falsos, quedaba conmigo y no aparecía, aunque me largaba pretextos que me sonaron creíbles e, incluso, me asesoró para inscribir las obras en el RPI y me dio buenos consejos sobre contratos editoriales… Al fin, sin embargo, comprendí que ese sujeto se estaba riendo de mí. Cuando llamaba a su teléfono, o no lo conocían o una “bruja” me amenazaba por molestarla, diciendo que aquel número no aparecía en la guía y que me denunciaría si volvía a llamar… Si me telefoneaba él, que supuestamente viajaba mucho, me daba explicaciones viables para sus ausencias y sobre el teléfono de contacto… Por eso dudé un tiempo, ilusionada como estaba porque me decía que ya había contactado con algunas editoriales y tenía uno de los originales en una francesa, pendiente de lectura… Las veces que le insistía, explicando que en su teléfono decían no conocerlo, llegó a decirme que algunos clientes se le quejaban de lo mismo, que podía haber algún error en la línea… (en aquella época, esas duplicidades eran factibles). Por fin, sin embargo, abrí los ojos de una vez, vi que aquello no se aguantaba por ninguna parte, busqué a un detective y lo denuncié, por supuesto. Y tal como puse esa denuncia, (¡oh, milagro!) llegó a la empresa en la que yo trabajaba un paquete a mi nombre, sin remitente. Era la cartera con el material que ese indeseable se quedó el primer día que nos vimos. Pero ahí no acabó la cosa. Pasé unos días recibiendo amenazas telefónicas por parte de “la bruja” que se ponía al teléfono (era la madre del niñato ese, lo supe después) y también intentó intimidarme un sujeto que dijo ser dueño de una empresa de seguridad, que él me decía amablemente que no llamara más a aquel número, pero que los empleados que tenía en la calle eran unos “gorilas”. Le repliqué a ese tipo afirmando que la denuncia que le había puesto a su cliente iba a ampliarla, mencionando las amenazas. Y eso hice.

La experiencia con el falso agente me dejó muy mal (solo la he explicado por encima). Tenía dos libros escritos pero ninguno publicado, había perdido ejemplares, estado a punto de que algunas editoriales aceptaran una novela, pero que se volvieron atrás en el momento final… (En MOLINO la tuvieron dos años diciéndome que los repetidos informes eran buenos, pero concluyeron que yo no era conocida y no se decidieron a invertir. Algo parecido me ocurrió con JUVENTUD, donde me llamaron para conocerme y me invitaron a ir a la editorial con objeto de presentarme a no sé quién, pero… ¡mas de lo mismo!) El tiempo, los años en realidad, iban pasando… Me consumía la frustración y la impotencia.

Pero también es cierto que aquella experiencia con el falso agente me catapultó. Decidí que si yo no me ocupaba de abrirme camino, nadie lo haría por mí. Comencé a escribir a destajo y, en un año, las dos novelas que tenía (y rehice para mejorarlas) se habían convertido en diez. Entre ellas, estaba sin yo saberlo la primera que iba a ver la luz, una obra juvenil: EL SECRETO DEL CASERÓN ABANDONADO.

Pero no podía ser fácil algo relacionado conmigo, por supuesto:

Además de la lucha encarnizada por hallar una primera editorial L.I.J., a pesar de los infinitos “NO” antes de un “SI”, el primer libro editado (que no escrito) estuvo un año en lectura en Ed. BRUÑO. Mas tras ese tiempo, en mis oídos sonó un mágico “SI”. Me dijeron que hiciera algunas correcciones y que me habían enviado un documento por correo con esas sugerencias. (En realidad, me tocó reescribir la novela y hacerla más corta).

Puse manos a la obra corriendo. Llegó la carta un sábado y yo me dediqué al trabajo a jornada completa (aparqué a mi marido, mi hijo y al perro, les dije que “se buscaran la vida” y yo no hice nada ese día salvo escribir). El domingo por la mañana me pegué el madrugón del siglo y seguí “chupando tecla” hasta mediodía, momento en que concluí. Sin embargo, justo en el instante de poner el punto y final, se produjo en el ordenador un error de sistema y lo perdí todo. No me quedó otra que formatear el disco duro, reinstalar todo el software y recuperar de un disquete la primera versión de esa obra. No descansé ni un segundo y pude enviarla aquella misma noche por email…  (rezando a todos los dioses conocidos, no voy a negarlo).

¡Por fin me hicieron un contrato en Ed. BRUÑO, mi primer contrato!

Pero transcurrieron dos años más entre la firma y la publicación porque durante ese espacio una editorial mayor compró a la primera y todo quedó un tiempo en suspenso. Llegué a temer que los nuevos propietarios pasaran de los compromisos… Pero sí, sí se publicó, y cuando vi ese primer ejemplar que era también mi primer libro editado (EL SECRETO DEL CASERÓN ABANDONADO), me pellizqué por si estaba soñando.

Sin embargo, esa experiencia solo fue un aperitivo de lo que me esperaba. Yo no tenía una única novela, sino unas cuantas. Escribo a diario y no solo LIJ, ni mucho menos. Realmente, en mis comienzos nunca me planteé escribir para jóvenes; obras de misterio y aventura sí, pero no necesariamente juveniles.

Consideré de nuevo buscarme una Agencia, que fuese real, claro. Y, tras muchas vueltas,  ¡por fin! di con una interesada, ubicada en Madrid.

Les gustó lo que les envié, que fue todo el material que tenía e iba escribiendo. Pero… ¡Justamente con Bruñó no se hablaban! Las obras juveniles que tenía inéditas no se las propondrían a ellos… Quedamos que Laura (mi representante) se ocuparía de buscarme editorial para el resto de manuscritos y aquellos juveniles que yo no había enviado a Bruño todavía. Firmamos un contrato.

A través de Laura, Editorial DESNIVEL se interesó por una novela de alpinismo (EN AQUELLA PARED NORTE), y tras algunos cambios, diferentes lecturas y mucho tiempo después, me llamó un día la directora para decirme que presentara la obra al Premio que convocaban porque “tenía todos los números”. Recibí esa llamada un 9 de enero y el plazo para enviar originales terminaba el 15, con el fin de semana por medio.

Me tocó correr. Llevé la obra a imprimir y encuadernar dos copias (entonces Internet estaba aún en pañales y, además, querían los originales en papel). Los envié por mensajero para que llegaran a tiempo.

Bueno… No solo no gané sino que no recibí ni una palabra al respecto. Solo meses más tarde, y ante mi insistencia por recuperar el manuscrito porque pensaba ofrecerlo a Ed. BARRABÉS, me dijeron que yo tuve todos los números para llevarme el Premio, en efecto, pero que a ultimísima hora llegó otro original, el que finalmente ganó.

En Ed. BARRABÉS, se interesaron por ese libro y me hicieron un contrato de inmediato, me dieron un anticipo, lo publicaron corriendo y me invitaron a una presentación de otro autor que se hacía en Barcelona… El director de la colección era alpinista, le gustó la novela y me dijo que todo lo que escribiera sobre montaña me lo publicaría. Sin embargo… No hubo presentación, ni publicidad, ni nada de nada, pese a estar acordado en el contrato… Cambió la dirección editorial y no se interesaron por mantener la colección que había iniciado el anterior ejecutivo. Me quedé con el libro publicado, eso sí… Pero sin una palabra cuando intenté saber qué hacían con los ejemplares (algunos se distribuyeron en librerías, lo vi en las dos o tres liquidaciones de Derechos de autor que llegaron a enviarme (siempre en negativo); por mi cuenta, busqué por Internet y vi que otros más se regalaban a quienes compraban en la tienda Barrabés algún tipo de material de montaña).

Con la agente, (Laura) no renovamos el contrato porque en los dos años que nos dimos de plazo no encontró editorial. En esos momentos, la novela que tenían en Bruño se había convertido en la primera de una saga: “Aventureros en Acción” y yo seguía escribiendo nuevas entregas. Sin embargo, durante el tiempo que compartimos, Laura me sugirió que me presentara al Premio Nostromo, aunque para ello debería escribir una historia marítima. Y lo hice, puse “manos a la obra” y me enfrasqué en una novela corta, a la que titulé: DIARIO DE A BORDO y Laura presentó al concurso.

(Así nació la obra que tras un larguísimo periplo y muchas páginas más, espero podrá ver la luz en breve (cruzo los dedos). No os perdáis la singladura, que tiene “tela”).

No gané el Premio Nostromo, pero fui invitada al evento. Allí, durante un aperitivo con el que concluyó ese encuentro, pude hablar con uno de los organizadores y preguntarle si cabía la posibilidad de que la obra interesara a la Editorial Juventud, que era la patrocinadora. Me dijo que lo miraría y vería primero cómo quedó mi novela en el proceso de selección. Nos intercambiamos emails y me respondió a los pocos días diciendo que el manuscrito había superado varias cribas, veía factible ofrecérselo a la editorial y que ya me diría algo.

Pasaron varias semanas, sin respuesta, y entonces le envié un email, otro más y otro… Por fin, supe que ese hombre había muerto, muy poco después de aquella tarde de la entrega del Premio Nostromo.

Contacté por mi parte con Ed. JUVENTUD, pero no les interesó publicar la novela.

Empecé a mover el manuscrito por editoriales, sin éxito, hasta que apareció una (TARANNA). El dueño-editor quería verme y, puesto que estaba en Barcelona, podíamos reunirnos sin problema. Quedamos en una cafetería. Llegó a la cita un hombre mayor, muy agradable. Me aclaró que su editorial era familiar, un hobby en realidad, y de copago (yo no buscaba eso; pagar para publicar siempre lo he rechazado porque lo veo como un fracaso, la aceptación de que lo escrito carece de nivel para que alguien lo compre). Sin embargo, la reunión fue muy positiva. Mi interlocutor dijo que valía la pena que buscara una editorial distinta, que el libro tenía potencial… Y me aconsejó que esa novela corta la hiciera más larga porque había tema suficiente para ello.

Le hice caso y rehice la historia, ampliándola, añadiendo algo de intriga y mucho intimismo para redondearla y lograr una novela con “cara y ojos”.

Volví a la tarea de buscar editorial y apareció una nueva en busca de autores (GRUP-LOBHER). Les gustó DIARIO DE A BORDO, me hicieron un contrato y esperé.

Durante los dos años que tenían de plazo para publicar la obra, participé en su foro literario, les reseñé la novela de otro autor y lo entrevisté, fui invitada a una presentación… Pero el tiempo corría y el libro seguía inédito. Me dijeron que habían tenido problemas con una distribuidora y que los había dejado a cuadros. Seguí esperando, pasaron los dos años durante los cuales cambiaron de ubicación dos veces… Me prometieron que la publicarían en cuanto se rehicieran, y acepté esperar un poco más. Al fin, esa editorial creo que cerró.

Volví al manuscrito y lo fui repasando de nuevo. Cada vez que releo algo escrito suelo introducir cambios; y eso hice, pero de vez en cuando, no de forma continuada porque por aquel entonces ya estaba en marcha la saga “Aventureros en Acción” y yo seguía creando nuevas historias que, todo hay que decirlo, algunas les interesaron a Bruño, otras no, y algunas no lo sé (Bruño es una editorial muy pequeña y publica dos o tres libros al año, de modo que hay que esperar que “suene la flauta” y luego recomponer la novela inicial porque con tanto tiempo por medio entre una entrega y la siguiente la vida cambia muy deprisa y las nuevas tecnologías se mueven a velocidad de vértigo).

Durante ese tiempo, tres novelas destinadas a lectores adultos estaban contratadas en Editorial ALADENA. Debían publicarse dejando unos cinco-seis meses entre la primera y la siguiente hasta llegar a la última. El director me iba dando largas con las galeradas, me ponía excusas, cambió la fecha prevista de edición varias veces… Supe que lo despidieron y recibí una carta diciendo que la editorial había cambiado de dirección y de temática. No atendieron un burofax que les envié, no me dieron explicaciones y no me desplacé a Málaga para denunciarlos por incumplimiento de tres contratos porque entonces no podía permitírmelo. Aún así, tiempo después recibí un comunicado de los nuevos editores, diciendo que estaban dispuestos a leer los tres originales (los míos y los de otros autores a los que también dejaron tirados). Dudé, pero acepté. Aparentemente, Ed. ALADENA se había convertido en Ed. ELIA. Tiempo después, me hicieron un contrato para una de las novelas y… ¡Más de lo mismo! Venció el contrato y la obra no se publicaba… Finalmente, el que la leyó, que era un librero externo y propietario de una editorial muy pequeña, vino un día a Barcelona, nos vimos y aceptó publicar él esa novela en EDICIONES DEL AZAR, con el título: LA SOMBRA DE UNA DUDA.

Las otras dos novelas con las que me dejaron tirada, las autoedité por mi cuenta. En AMAZÓN, en e-book y papel, subí la obra TRAS UNA HUELLA; y en Ed. UNITED publiqué TREINTA DÍAS (United es de coedición, mas pude publicar de forma gratuita maquetando la novela y diseñando la portada yo misma).

Pero, en fin, volviendo a DIARIO DE A BORDO:

La fui rehaciendo, ampliando… hasta que se me ocurrió hacer algo que me he repetido hasta la saciedad que no haría más: presentarla a un Premio. (Lo he hecho muchas veces a lo largo de mi vida y me he decepcionado otras tantas; hay que dejar la obra en suspenso hasta que sale el fallo, no se recupera el material si se ha enviado en papel, es improbable que la editorial se la quede… Pero es cierta esa sentencia: “No digas nunca de este agua no beberé”). Vi en Internet un Premio que convocaba SEIX BARRAL y la presenté tras pulirla de nuevo, intentando que no hubiera el mínimo fallo, redondeando la trama… No gané, por supuesto, pero me quedé con una sensación extraña porque yo creía que el manuscrito estaba muy bien; quizá no para ganar, que eso no deja de ser algo que depende de muchos factores, pero sí para que la editorial se interesara… Confundida, empecé a pensar que la trama no la había resuelto bien y que debía introducir varios cambios.

Volví al manuscrito, eliminé algunas partes, añadí otras y modifiqué definitivamente la resolución de la historia.

El pasado mes de octubre, la di finalmente por cuncluida y (ahora sí) redondeada y bastante aceptable.

Volví a la tediosa tarea de ofrecerla a varias editoriales y me encontré con lo típico: Algunas no contestan; otras ya impiden que el servidor acepte manuscritos; las hay que responden diciendo que no admiten originales que no han pedido o emplazan a presentarlo al “Premio de…”; otras sí se lo quedan, pero algunas de ellas ya anticipan que si pasan “X” meses y no responden es que no interesa (enviar un simple “NO” por email parece que es muy costoso).

Entre las editoriales que se quedaron mi manuscrito, aparecieron las típicas de copago y copago encubierto, que ya deseché, y también di con una que se presenta como tradicional pero que, en realidad, es una probable estafa: ENTRELÍNEAS. (Escribí un post en este mismo blog explicando mi experiencia con esa gente para alertar a los autores).

Así estaban las cosas cuando una de las editoriales que aceptó leer mi obra se puso en contacto conmigo para saber si seguía inédita. Se trataba de Ed. AMARANTE.

Esta sí parecía una editorial tradicional, pequeña pero bastante legal. Me hicieron un contrato y…:

Tienen problemas para editar el archivo tal y como lo envié (en Word). Parece ser, que tantos cambios en distintos ordenadores y hasta en diferentes editores de texto han acumulado tanta basura que no consiguen quitarla. Tras unos días haciendo pruebas, solo me quedó una solución si descartaba tirar la toalla: ¡Reescribir la obra en un archivo completamente nuevo! Ni siquiera he podido utilizar la opción “cortar-pegar” porque habría arrastrado los mismos errores al documento.

¡Justamente tenía que pasarme eso con la novela más larga que tengo escrita! 450 páginas cuando la envié a AMARANTE por vez primera, que se han convertido en más de 500 y un largo pico porque, ya puestos, he redondeado el texto un poco más.

Ahora, que acabo de acabar de “chupar tecla”, me toca esperar y cruzar los dedos. Como les he ido enviando capítulos a medida que los hacía para ver si había problemas o no, creo que todo ha ido bien, porque incluso hicieron una prueba de maquetación con las primeras páginas que ha salido OK.

Solo me resta esperar que la novela se publique, que con Ed. AMARANTE vea por fin la luz y, por supuesto, que alguien la lea y no se convierta en un fracaso más. Solo yo, sé lo que he vivido con éste y otros libros…: Un auténtico infierno que, quizá, si lo conociera el ministro Montoro y sus compinches del PP concederían más atención al mundo de la Cultura (aunque no estoy segura de lo último, de donde no hay no se puede sacar).

Lo que sí es cierto, es que voy a quedarme con lo bueno de todo esto: Ahora, sí. Ahora DIARIO DE A BORDO ha quedado mucho mejor; nada que ver con aquella novela corta inicial, ni la que se quedó inédita en GRUP-LOBHER, bastante más aceptable que la que di por buena para presentarla al Premio de SEIX BARRAL y, tras chupar tecla durante mes y medio, algo mejorada con respecto al manuscrito que aceptaron en Ed. AMARANTE y no pudieron editar. Dicen que no hay mal que por bien no venga, ¿no? ¡Pues eso!

En la distancia, las cosas se aprecian mejor y se valoran con perspectiva más amplia.

Ahora, tras ese larguísimo periplo, me alegro de que DIARIO DE A BORDO no ganara el Premio Nostromo, ni que la editara GRUP-LOBHER o SEIX BARRAL… Esa novela, que considero mi “Ópera Prima”, me disgustaría haberla publicado cuando estaba en pañales o era muy mejorable, de modo que toda la singladura que ha llevado a cabo, no solo me molesta sino que la considero muy positiva.

Todo lo que explico en este post es solo la punta del iceberg. Hay ocasiones en que la vida nos ofrece caminos llanos y otras en que el avance está sembrado de obstáculos a cual más gordo. Pero cuando uno cae, tiene dos opciones: quedarse en el suelo o levantarse. Y cuando se analizan las cosas desde la distancia, muchas veces vemos que esas piedras en el camino tenían una función; en el peor de los casos permitierion vivir una experiencia que siempre enseña algo; y en el mejor avanzar con paso más firme.

Ánimo, pues, amigos artistas. Existen caminos de rosas, de espinas y de pedruscos, pero hay que caminar al frente y no dejar de perseguir los sueños.

@ Pilar López Bernués

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Acerca de plbernues

Escritora y conferenciante de libros-forum.
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