Artículo del día de Pilar López Bernués: ¿SOMOS AUTÓMATAS?

Yo no vivo en Barcelona ciudad. Antes usaba coche, pero últimamente me desplazo en bus interurbano y Metro. Y fue al empezar a moverme con transporte público cuando comprobé hasta qué punto la gente no vive el momento ni el lugar en que está…

Lo primero que me llamó la atención, ese primer día de pasajera, fue que el 90% de los que iban en el bus estuvieran pendientes de su Smartphone, y ya en el Metro… ¡Más de lo mismo! Yo no tengo la costumbre de “matar el tiempo” con mi móvil, prefiero mirar el paisaje, si lo hay, observar a la gente o leer. Ya se sabe que “para gustos los colores”. Sin embargo, me llamó la atención ver a tantas personas con el teléfono en la mano y pendientes de él, aunque en ese momento no lo usaran.

El caso es que hace unas semanas, cuando los atentados yihadistas en París los teníamos todos en mente, por no hablar de que los occidentales en general estamos en el punto de mira de esos terroristas descerebrados y en España vivimos en alerta cuatro, yo estaba en el Metro. Iba sentada en un banco de cuatro pasajeros, y en una estación se colocó a mi izquierda un chaval joven, desgarbado, de aspecto marroquí y con una mochila  a sus pies… ¿Qué se me pasó por la cabeza? Pues pensé, en efecto, que si ese tipo era un suicida yo, probablemente, sería la única pasajera del vagón que se enteraría de que pasaba a mejor vida…

En los cuatro asientos de enfrente, había tres jóvenes pendientes de los móviles, dos de ellos con  auriculares y una chica chateando (supuestamente). Y lo que más me llamó la atención: Un hombre de no menos de setenta años con la nariz pegada al teléfono…

Miré a los pasajeros que estaban en pié, y todos parecían clones: Teléfono en las manos, auriculares en las orejas, la cabeza agachada con la vista en la pantalla, y una total y absoluta desconexión de lo que acontecía a su alrededor.

Como me bajé en mi parada y no he oído en las noticias nada, deduzco que el “pobre diablo” que se sentó a mi vera era eso: ¡un pobre diablo! al que prejuzgué por su aspecto y por la psicosis que flota en el ambiente. Y ya digo desde aquí que lamento haber hecho un juicio de valor. Pero algo sí tengo claro: Nos estamos convirtiendo en autómatas, vivimos on-line, de forma virtual… ¿Cuántas experiencias reales nos perdemos a diario?

@Pilar López Bernués

 

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Acerca de plbernues

Escritora y conferenciante de libros-forum.
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