¿QUIEN ES QUIEN?

Cuando Álex y Mireia se conocieron en la Facultad de Medicina ambos tenían diecisiete años, ambos pensaban que habían tenido suerte al conseguir plaza para estudiar la Carrera que deseaban y, los dos, se sentían satisfechos pese a las guardias interminables, el acoso de los titulados, las reuniones y las múltiples escenas (de terror y angustia) que observaban continuamente.

Mireia consiguió acorazarse ante la desesperanza que vivía a diario y se centró en lo que colmaba su ego: Vestir una bata blanca, entrar en quirófanos y hasta informar a agobiados y asustados familiares acerca de sus seres queridos… Se sentía (absurdamente) superior, como se sienten las personas que poseen (o creen poseer) respuestas científicas (incluso mágicas). No parecía recordar que ella misma acabaría en un hoyo, un nicho o un crematorio… Los ojos esperanzados, las súplicas y miradas anhelantes de los familiares de pacientes muy enfermos comenzaron a llenar el espíritu de Mireia, que pronto dejó a un lado su actitud serena y humana para mostrarse más satisfecha consigo misma y más imprescindible… Ver las caras de ansiedad a las que podía hundir en la desesperación o levantar en volandas hicieron que la joven disfrutara de esos instantes en los que fantaseó creyéndose “Dios”.

Álex era distinto. Para él ser médico no constituía una forma fácil de ganar dinero, mucho menos de “fardar” ante personas desesperadas que, sí, quizá no entendían de Medicina pero que, sin duda, muchos de ellos poseían cualidades y conocimientos que contribuían también al desarrollo del bienestar. Era consciente de que entre sus pacientes existían abogados, informáticos, economistas o… ¡o simples campesinos que se ocupaban de cultivar unas tierras y que tenían un importantísimo lugar en la “escalera” humana… Porque ¿qué demonios haría una sociedad llena de médicos pero sin agricultores, ganaderos o basureros?

Mireia y Álex comenzaron a vivir juntos cuando ambos tenían dieciocho años. Durante los primeros meses sólo vivieron “por” y “para” su amor. Disfrutaron de fiestas con amigos, pasearon por la playa, hicieron viajes relámpago, se gastaron dinero en cenas de ensueño y comieron hamburguesas cuando les tocó “apretarse el cinturón” para pagar el alquiler del cuchitril que compartían con otros estudiantes… Eran jóvenes y estaban enamorados. Iban a la Facultad, estudiaban, preparaban sus doctorados… En cuánto lograron graduarse, no obstante, “algo” los separó:

Álex le dijo a su novia que “necesitaba” pasar un tiempo en una ONG como “Médicos sin Fronteras” y Mireia lo tachó de iluso, imbéc.. y un sin fin de improperios semejantes. Si él deseaba poner sus conocimientos a favor de los más débiles, Mireia pensaba que el esfuerzo de la Carrera debía tener una compensación económica que le permitiera vivir tranquila el resto de su días. El “cisma” se produjo definitivamente cuando ante un accidente de automóvil Álex salió del vehículo para ver cómo ayudar y Mireia no se movió del asiento.

En el momento en que el joven partió hacia un lejano lugar de África, la ruptura con su novia fue inminente.

Sólo diez meses después de partir hacia un destino infrahumano Álex murió a causa de unas fiebres que se cebaron en todo su organismo y convirtieron su cuerpo en un despojo; Mireia… Mireia consiguió entrar en el equipo de élite de un grupo de cirujanos.

El joven médico murió en el anonimato, salvo para los pocos amigos y familiares que jamás le olvidaron. La que fue su novia acabó convirtiéndose en la jefa de cirujía de un prestigioso Hospital, ganó más dinero del que podía gastar, vio su nombre impreso en revistas médicas de los cinco continentes y acabó casándose con un cirujano famoso.

Ambos protagonistas de esta historia estudiaron la misma Carrera, los dos “supuestamente” ansiaban ayudar a los seres humanos y firmaron ese compromiso hipocrático, pero… ¡Pero no esperaban, cada uno de ellos, la misma compensación por su trabajo! Está claro que, para todas las personas, la palabra “tesoro” no tiene el mismo significado.

@Pilar López Bernués

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Acerca de plbernues

Escritora y conferenciante de libros-forum.
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3 respuestas a ¿QUIEN ES QUIEN?

  1. Por desgracia, hay muchos médicos que son como cuentas. Por el mero hecho de haber estudiado una carrera se creen dioses. ¡Y anda que no les gusta que les llamen doctor cuando muchos no pasan de ser Licenciados en Medicina! 🙂
    Me ha gustado tu historia, amiga mía.
    Muchos besos.
    Francisco

  2. plbernues dijo:

    Gracias, Paco. La acabo de escribir y (seguro) la modificaré, pero… Recuerdo ahora que una amiga que tenía cuando trabajaba comentó algo que me descolocó: Un amigo suyo (médico) presenció un accidente y se dio el piro… (No quería implicarse, tener que ir a un juzgado y bla, bla, bla (en lo que menos pensó fue en que (quizá) una rápida intervención podría evitar una muerte o daños irreversibles) Yo no soy médico, pero puedo asegurar que si me topara con un accidente saldría del coche y haría lo que estuviera en mi mano (y eso que soy muy violenta, cabezota, impresentable y no he jurado ese panfleto hipocrático)
    Soy consciente de que existen facultativos que son ejemplos a seguir y muy humanos, pero otros no lo son. Y voy a poner un ejemplo: Cuando mi hijo tenía 3-4 años fui con él una tarde al mercado, se cayó sobre unas escaleras y se dio un buen porrazo sobre el vientre. Esa misma tarde teníamos consulta con el pediatra y, en cuánto lo vio… (tenía la tripa morada) me dijo que podía ser LEUCEMIA. Estaba resfriado y le cambió toda la medicación que me había recetado el médico del seguro y (parece) que algo de lo que le dio le produjo alergia… Era un viernes. El niño se pasó vomitando el fin de semana y ni mi marido ni yo sabíamos qué hacer (porque aparte de eso Sergi era machote, sanote…, pero los vómitos, el hematoma, el niño apagado…) El lunes fui al médico de cabecera llorando para pedirle análisis por lo de la leucemia (porque en privado no lo podíamos pagar). Ese médico puso al primero a parir y me dijo que le hacía a mi hijo esos análisis para que nos quedáramos tranquilos, porque estaba claro que el hematoma era fruto de la caída y que el niño era un torete al que, sí, un medicamento le había sentado mal… El fin de semana que pasamos mi marido y yo NO SE LO DESEO A NADIE.

    Besos.
    Pilar

    • Te he dicho que una cosa es ser Médico, Licenciado en Medicina, y otra Doctor. Y muy diferente es ser una buena persona que ser un cabronazo. 🙂
      No tenía ojo clínico ése, como el del chiste de la Facultad. 🙂 🙂 🙂
      Besos.
      Francisco

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