SOY UNA JOYA ¿?

SOY UNA JOYA ¿?

 

Amigos… No sé quienes me leerán, ni siquiera si lo hará alguno, porque… Soy consciente de que vivo en  un mundo capitaneado por unos seres que saben andar sobre dos patas, dominan la Naturaleza, encuentran respuestas para todo (salvo para vivir felices) menosprecian a otros animales (ellos también lo son (lo he oído por ahí, y lo afirman sus Biólogos)) “pasan” de las plantas, les importa poco o nada quemar hectáreas de bosques o exterminar a especies enteras; y los que somos minerales… ¡Esos ni existimos!

 

Pero… Yo soy un anillo de oro coronado con un diamante. El oro es imperecedero y su valor crece a diario, el oro no se transforma ni perece pese a estar bajo el mar y estar sometido a la salinidad… Y los diamantes son las piedras más duras de la Naturaleza… ¿Y qué pasa con los humanos? ¡Pues que se convierten en polvo! ¡No nos engañemos!

 

Mi primer recuerdo consciente (pese a estar formado por materiales imperecederos) lo tengo en la orfebrería… Hace muchos, muchísimos años, pero a mí los números se me dan mal y si hablamos de siglos, décadas o semanas me lío (lo confieso) Tuve mi primer atisbo de “identidad” en algún momento lejano, no puedo decir más.

 

En fin… Recuerdo haber sido consciente de mi “yo” en manos de un orfebre, muy enamorado de su profesión; hacía maravillas con la plata, el oro y las piedras preciosas. Y yo… (sí, yo) fui el encargo que hizo un joven enamorado para su novia. El chico se gastó todo su dinero para encargar un anillo especial destinado a su amada (así nací). Pidió una sortija de oro con un diamante, no demasiado enorme el último porque el pobre chaval no era rico, pero el orfebre consiguió que la piedra brillara y destacara… Un poco de oro (yo) y un brillante… (esa fue mi primera noción consciente de que YO era “algo”, oro para más señas, que iba a unirse a un amigo llamado diamante formando un dúo imperecedero que ni el tiempo, las condiciones atmosféricas ni NADA podría destruir).

 

Recuerdo… (me estoy sonrojando…) Recuerdo el día en que Juan, enamorado como estaba, me entregó a Ana… ¡Yo me sentía rojo como un tomate! ¡Me había convertido de pronto en algo muy importante para la pareja, en un vínculo! Temblaba mientras el chico me colocaba en el dedo de su amada… ¿Y si no cabía? ¿Y si no me ajustaba a su anular? Pero… ¡entré! Me tuve que ampliar un pelín, pero todas mis moléculas colaboraron ¿Cómo no rendirse ante el AMOR? Y es que los dos eran tan…, tan… ¡Qué bello es sentirse enamorado! ¡Pero qué hermoso resulta convertirse de pronto en un “ser” reflejo del entusiasmo, la complicidad, la ilusión y el AMOR! ¡Ese era yo!

 

Sólo dos semanas después de que pasara a vivir en el dedo de Ana Juan tuvo que despedirse de ella porque fue llamado a filas para participar en alguna guerra (no me preguntéis cual, que yo no entiendo de esas cosas) Lo que sí sé es que ambos lloraban, se hacían promesas, intentaban reír y volvían a llorar… ¡Juventud, divino tesoro!

 

Ana, a partir de ese momento, me conservó en su dedo y ahí permanecí yo día y noche; en ningún instante me dejó en un joyero. Me miraba, me acariciaba y me susurraba bellas palabras de amor. Me hubiera gustado poderle decir que la entendía y que todas y cada una de sus frases, hasta pensamientos, quedaban archivados en mis genes y yo los entendía, que las vibraciones lo infiltran todo y yo me impregnaba de sus sentimientos, ilusiones y dolor; más… ¿Cómo expresar algo así a un ser tan diferente?

 

Unos meses después… (todavía se me parte el corazón) Ana recibió un mensaje, o un comunicado, o… ¡lo que narices se expliquen los humanos! El caso es que entendí que Juan había muerto… A partir de ese instante, mi ama me valoró más. Me hablaba, me miraba, me acariciaba… Pasaba sus dedos por el oro y se detenía en el diamante (pequeño, como expliqué, pero muy brillante) No puedo negar que esa actitud me colmaba de satisfacción, más también… ¡Qué narices! Soy mineral pero siento y me partía el corazón ver a Ana llorando. Sus sentimientos se me grabaron, impregnaron mis células, y yo experimenté dolor, como lo sentí a lo largo de los años, mientras seguía en el dedo de mi dueña y veía cómo se marchitaba su belleza… Y es que Ana, muerto su amor, renunció al AMOR. Jamás se casó ni miró a otro hombre, sólo me miraba a mí, me acariciaba, me hablaba… ¡Pobrecilla!

 

Viví en el dedo de esa mujer durante muchos años, y puedo dar fe de la tristeza que envolvió toda su vida… Había muerto el joven del que estuvo enamorada y se negó a vivir, como decía. Eso lo entiendo ahora, antes no, porque antes yo me sentía fenomenal recibiendo las caricias de Ana y sintiéndome el centro de su Universo (lo reconozco.)

 

A la muerte de mi dueña, y como nunca se casó ni tuvo hijos, salí de su dedo y fui a parar al joyero de una sobrina suya… ¡Dejé de ver mundo y pasé días y días encerrada en una caja con otras joyas! Con algunas llegué a entablar amistad pero con otras… ¡Había unos pendientes de bisutería que fardaban de ser lo más “IN”! ¡Bisutería! Sus piedras y metales valían menos que un billete de Metro mientras que yo… ¡Yo estaba formada por oro y diamantes! Pero mi segunda dueña sólo me usó un par de veces  porque le parecía demasiado antigua… , y decidió que podía venderme…

 

¡Y aquí estoy! Mi oro interesa a un comprador, pero el diamante no; tendrá que vendernos por separado… ¿Nadie entiende que YO soy una sortija y que si me amputan me destruyen? Estoy temblando… Van a quitarme a mi amigo de siempre, que irá a parar a… (no sé dónde) y a mi me espera el horno ¡Dios! ¿Qué he hecho para merecer la hoguera?

 

Cuando Juan regaló a Ana una sortija de compromiso (yo) creí que me convertiría en una joya de familia, que TODO lo que he podido ver y apreciar durante años tendría valor, que NADIE me vendería a bajo precio, me arrancaría el diamante y destinaría el oro al reciclaje, es decir: ¡el crematorio! Eso me espera ahora, amigos, el fuego asesino que me convertirá en otra cosa porque el oro no muere, los diamantes tampoco, pero… Antes de entrar en la hoguera he querido escribir, porque Juan y Ana me consideraron y usaron como símbolo de su amor ¡Con eso me quedo! Aunque si soy sincera… ¡Qué poco pudieron disfrutar los dos de ese amor! La vida es injusta conmigo, pero también lo fue con dos jóvenes enamorados que se vieron implicados en una guerra que no les interesaba, no habían pedido, pero les destrozó sus vidas.

 

¿Qué seré esta vez? Quizá un lingote de oro, puede que unos pendientes o un aro de matrimonio… Lo que siento es que me hayan separado del diamante, aunque él también es eterno. ¿Puede aparecer en otro anillo? ¿Tal vez en una aguja de corbata? ¿Sería posible que mi amigo se recicle en un colgante? Si ese colgante es de oro igual nos volvemos a encontrar porque… ¡No lo he dicho! Yo era una sortija, sí, pero de oro; el añadido, el brillante, era mi amigo… Juntos hacíamos peña pero ahora… ¡Ojalá nos volvamos a encontrar! Porque algo está claro: Los humanos nacen y mueren, y cuando mueren apestan, pero las joyas podemos pasar de generación en generación y, recicladas o no, permanecemos siempre.

 

@Pilar López Bernués

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Acerca de plbernues

Escritora y conferenciante de libros-forum.
Esta entrada fue publicada en RELATOS PROPIOS. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a SOY UNA JOYA ¿?

  1. Es un relato muy tierno, estimada Pilar.
    Me ha gustado leerlo.
    Saludos.
    Francisco

  2. plbernues dijo:

    Gracias, Francisco. La verdad es que lo escribí deprisa y le faltan retoques (esos que se ven cuando ya está editado) Me alegra que te haya gustado leerlo.
    Besos.

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