RELATO DE UNA COLILLA…

¡Hola! Soy una colilla de Fortuna. Acaban de fumarme y ahora estoy en el cenicero. Me ha usado una chica con los labios pintados de escarlata y aquí me encuentro yo, con el filtro manchado de rojo y soportando las burlas de otros cigarrillos. Digo que me han usado porque he servido para concertar una entrevista con un cliente importante. La muchacha (se llama Laura) trabaja en la oficina y es comercial. Por lo visto estaba nerviosa porque no me ha dado respiro entre una bocanada y otra; he durado menos que un caramelo en la puerta de un “cole”, y a mi lado hay dos colillas más de nuestro paquete, también manchadas de rojo… ¡Qué bochorno! Pero, en fin, Laura estaba satisfecha y parece que ha logrado un acuerdo y un pre-pedido… ¡Con la crisis eso suena a música de Beethoven!

El cenicero está ahora mismo muy concurrido. Además de nosotras hay tres Ducados y un Winston. Uno de los Ducados es bastante simpático y ya lleva una hora haciéndonos reír; se lo ha fumado el chico de los recados mientras desayunaba y, por lo visto, se ha dedicado a contar chistes porque la colilla es una enciclopedia en el tema, además tiene gracia contándolos, la verdad, y ya me duele el filtro de tanto reír.

El segundo Ducados es un “matón”. Pertenecía a Chus, el mensajero, que es muy bruto y muy machista; y el cigarrillo ha adoptado sus maneras… Se cachondea de mí y de mis compañeras de paquete porque vamos pintadas de rojo ¡Será necio el tío! Yo le he dicho que es más “guai” servir para sellar un acuerdo importante que ir por ahí con la moto haciendo recados. Entonces se ha colado porque ha afirmado que se lo han fumado en la oficina mientras Chus esperaba los papeles y se organizaba las tareas. Está ahí, en un rincón, y mis compañeras y yo pasamos bastante de él… Dice que sólo los cigarrillos negros son auténticos y nos tacha de ligths-sin sabor ¡Será zoquete! Únicamente le hace caso el tercer Ducados, que es tan bestia como él y pertenece a un transportista. Afirma que ir en camión es una pasada y que los que estamos en la oficina no tenemos mundo. La verdad es que el camionero lo ha apagado mal y sigue echando humo. Le he dicho que es un incordio y que molesta, pero el tío no hace caso, muy al contrario: se ríe y chulea… ¡Me ha llamado finolis!

La colilla de Winston es de la secretaria del director y se las da de “clase alta”. El carmín que lleva es de marca y dice que mi color está pasado de moda. La verdad es que la “secre” se la ha fumado mientras hablaba con su novio, así que no debería fardar tanto… Por lo menos, yo he contribuido al desarrollo de la empresa, eso lo tengo claro.

¡Huy! ¡Ahí llega la señora de la limpieza! Nos van a echar al cubo de la basura. Bueno, podré hablar con los papeles y quizá me entere de algo importante…

Adiós, amigos, nos veremos de nuevo cuando me reciclen ¿vale? Espero no convertirme en un cigarrillo tan estúpido como los dos que tengo aquí ¡Hasta la vista!

@Pilar López Bernués
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Acerca de plbernues

Escritora y conferenciante de libros-forum.
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