LA BIBLIOTECA

LA BIBLIOTECA
Cuando Laura y su marido vendieron el piso en la ciudad y se trasladaron a una espaciosa casa de campo, lo primero que ella pidió fue disponer de una enorme biblioteca. Le gustaba mucho leer y consideraba a cada libro un tesoro de infinitas riquezas, incluso aquellos de lectura pesada y poco atractivos le resultaban interesantes porque todos encerraban sabiduría y la mujer sabía que sólo esa sabiduría y sus experiencias y sentimientos personales podría llevarse consigo cuando su cuerpo dejara de existir.
En el antiguo piso, Laura tenía libros en la cocina, en la habitación de matrimonio, en el comedor, en el estudio… y decidió que debía habilitar en su nuevo hogar un lugar “especial” para abarcar tantos y tan diferentes “mundos”.
Consiguió su objetivo: Convirtió una habitación de la casa en biblioteca. Forró todas las paredes con estantes, habilitó una mesa en forma de “L” y, poco a poco, trasladó allí sus tesoros.
Algunas tardes de invierno, mientras su marido y su hijo veían la televisión, ella iba a su rincón. Ojeaba, por ejemplo, “La isla Misteriosa” de Julio Verne, y “vivía” la aventura de naufragar en globo, llegar a un islote desierto, sobrevivir partiendo de la nada y resolver los misterios que envolvían a los personajes. Sin salir de su casa, Laura viajaba a los mares del sur y “se trasladaba” al siglo XIX. Otras veces, ojeaba “Crimen y castigo” de Dostoyevski, y era capaz de “sentir” los impulsos del protagonista en el momento de planear su crimen, de cometerlo en estado de semi-insconsciencia cuando el hambre y la miseria eran sus compañeros de habitación y de padecer después por las consecuencias de su acto y sentir arrepentimiento. Cuando cogía “El filo de la navaja” de Mountbaten, se “hallaba” en el París de los artistas bohemios y pensaba que la vida era, en efecto, un camino apenas perceptible entre abismos y decisiones controvertidas. “La jugada maestra” de Morris West, llevaba a Laura a Italia y a New York introduciéndola en el escabroso y complicado mundo de las obras de arte… Pese a que ella amaba por encima de todo la libertad, jamás se sintió encerrada entre las cuatro paredes de la biblioteca porque bastaba con coger un volumen cualquiera para “vivir” en otro espacio, otro tiempo y con otras personas. Podía ir al fondo del mar, escalar la más inaccesible de las montañas, viajar a otros países, otros tiempos… y hasta vivir ajenas historias de amor.
Aquella noche había tormenta. Laura y su marido cerraron todas las puertas y se prepararon una copa junto al fuego. Del equipo de música emergía una melodía clásica y el ambiente era acogedor. De pronto, no obstante, la mujer sintió un estremecimiento extraño y acudió a su mente un pasaje de “Viaje al centro de la tierra” de Julio Verne; por un instante, vivió todo el terror de Axel cuando se perdió en las entrañas de la Tierra y se quedó, además, sin linterna. Desechó ese sentimiento y decidió ignorarlo. Las tormentas tenían la particularidad de ponerla muy nerviosa y atribuyó a los rayos aquel estado de inquietud. Un poco después, no obstante, acudió a su mente el protagonista de “Taureg” de Vázquez Figueroa, y “vivió” en el desierto en medio de las más absolutas privaciones, siendo capaz de subsistir y de burlar a sus adversarios hasta cometer el tremendo error final… Un rayo cayó cerca y produjo un estruendo desgarrador. Se cortó el suministro eléctrico y la casa quedó sumida en el silencio y la oscuridad…
Laura se levantó y fue en busca de una vela. Por alguna razón desconocida, al pasar junto a la biblioteca, ya de regreso, sintió la necesidad de entrar. Sentía una indefinible inquietud que no podía precisar… Abrió la puerta, adaptó la vista a la claridad mortecina de la llama y recorrió con la mirada las estanterías… ¡Entonces lo vio! Comprendió el por qué de su desasosiego, aunque sabía que solo estaba viendo con “otros” ojos y en una dimensión diferente: El diccionario iba fardando de cultura delante de un libro de chistes; le decía que su contenido encerraba gran parte de la sabiduría de la humanidad. El aludido lo tachaba de “carca” y afirmaba que reír era importantísimo y que sus hojas poseían miles de anécdotas y sugerencias ocurrentes que la gente utilizaba en reuniones y, en general, para pasar un buen rato. Laura se frotó los ojos ¡Era increíble! Un poco más allá, en el último estante, el manual de proverbios chinos se había sumado a la discusión diciendo que la auténtica sabiduría popular residía en sus hojas y que un buen refrán era un cúmulo de ciencia.
-¡Dejaos de ciencia! – afirmó “Asesinato en el orient express” de Agatha Christie- ¡No hay nada como un buen crimen para distraer al lector!
-¡Ja,ja,ja..! ¡Compara tus crímenes con los míos! – exclamó un libro de P.D.James, al que Laura no acertó a ver el título – ¡Tus intrigas son chorradas!
-¡No digas bobadas! – replicó el aludido – !De mi argumento han hecho película!
-¿Por qué discutís? – intervino “El tercer ojo” de Lobsang Rampa -. Cada uno es bueno en lo suyo. Y cuando os reciclen os convertiréis en otro libro distinto. La rueda de la vida da muchas vueltas y el príncipe de hoy es el mendigo de mañana…
-¡Suelta rollo, tío! – cortó “Extraños en un tren” de Patricia Highsmith-. ¡Yo no pienso reciclarme! ¿Quién ha dicho que si te tiran al cubo de la basura te conviertes en otra cosa? Por cierto, chicos, yo, además de contener un crimen interesante, he servido también de argumento a una película. ¿Qué decís de eso? – añadió mirando a “Asesinato en el orient express”, que había fardado de ello, y a la novela de P.D.James.
-¡Eres un fanfarrón! – afirmó un libro de poesía de Neatche.
-¡Tú calla, que estás loco! – exclamó “Extraños en un tren” -. No hay ningún poema que pueda compararse con una buena historia de intriga, y menos del tipo ese que te escribió, que estaba como un cencerro.
-¡Qué barbaridades dices! – gritó “Poemas y rimas de Becquer” -.¿Cómo es posible que un libro sea tan inculto? A propósito: ¡A nosotros nos leen en los colegios!
-¡Pobres críos! – gritó “Tiburón” -¡Seguro que les molaría más mi historia!
-Tu historia es perecedera – dijo “El lazarillo de Tormes” -. Solo los clásicos pasamos a la posteridad.
-Decid lo que os parezca – intervino “Lowe story” -, pero lo más importante que hay en el mundo es el amor.
-¡Tiene mucha razón! – afirmó “La Celestina” -. ¿Qué haría la gente sin él?
-¡Llegar a las más altas cumbres! – gritó “Ascensión al Everest” de John Hunt. ¡Ningún placer puede compararse al que se siente al pisar la cima más alta del planeta!
-¡Chorradas! – afirmó “El diario del Che” -. ¡Luchar por una causa social es más gratificante!
-Sí, pero sin el uso de la violencia – añadió “Ghandi” – La violencia sólo engendra violencia.
-Sí, claro – replicó el primero – y eso te supone estar 40 años reclamando. ¡Pero si en definitiva también te envían al otro barrio!
-¡No me habléis del otro barrio! – exclamó “El nombre de la rosa” de Umberto Eco -. Con las hazañas de la Inquisición hay para todos los gustos. ¿Sabéis que en mi historia queman una biblioteca antigua? ¡Arde por los cuatro costados! ¡Uf! ¡Me estremezco cuando pienso en ello!
Laura alucinaba. ¡Era inverosímil! Recorría con la vista los cientos de volúmenes sin comprender que pudieran tener vida propia…
-Soy un libro de recetas – afirmó un manual de cocina – y me usan los días de Navidad – añadió orgulloso – ¡El pavo me sale excelente!
-¡Ja,ja,ja..! ¡A mí me utilizan cada día! – exclamó el cuaderno personal de Laura.
-Pero ¿Cómo? ¿Tú también? – inquirió esta última, incrédula.
-Soy el jefe de la pandilla – informó -. Como me llenas las hojas con todo lo que se te ocurre están un poco celosos, por eso discuten y se las quieren dar de importantes. ¡Pero no les hagas caso, los tengo controlados!
-¡Fanfarrón! ¡Chupatintas! – gritaron todos a coro.
-¡Envidiosos! – replicó el block. Ya sabéis que Laura es capaz de escribirme una historia de intriga, si quiere, o un poema, un chiste… ¡Soy polifacético, chicos! ¡Ja,ja,ja…! ¡Ah! y a mi me esconde y no me presta, como a alguno de vosotros. ¡No soportáis que sea personal e intransferible! ¡Eso es lo que os pasa!
En aquel instante, la corriente eléctrica se restableció y Laura se sorprendió a sí misma con una vela entre los dedos, la boca abierta y una expresión de total incredulidad en el rostro. Con mano temblorosa, cerró la puerta de la biblioteca, corrió junto al fuego y fijó la vista en la oscilante llama que crepitaba en la chimenea.

Pilar López Bernués
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Acerca de plbernues

Escritora y conferenciante de libros-forum.
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6 respuestas a LA BIBLIOTECA

  1. Se te ha olvidado mencionar a la Musa, pero no importa: Se ve que la llevas siempre contigo y que vive a tu lado. 🙂
    ¡Enhorabuena por este magnífico relato!
    Francisco

  2. La Musa que te inspira todos esos relatos maravillosos. Que también una para la prosa, no solamente existe la de los poetas.
    Besos.
    Francisco

  3. Neil Fogel dijo:

    Diosss, esto parece mas una historia de terror hilarante que otra cosa cualquiera

  4. no se, no he entrado nunca la verdad, aunke hay links por todos lados!!!

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