¿QUÉ SENTIMOS POR ELLOS? ¡ASCO Y DESPRECIO…!

UN RATÓN DE LABORATORIO
Cuando el pequeño ratón, llamado Alex, abrió los ojos por primera vez, se encontró con otros bebés iguales a él y con su madre, que era algo así como una bola peluda y blanca con una cola larga de color rosa.

El suelo estaba sembrado de una cosa que llamaban “serrín” y todo el mundo que pudo ver fue una caja blanca con la parte superior llena de barrotes y un artefacto raro del que su madre chupaba agua. Algunas veces en aquellos barrotes ponían algo duro que debería ser comida porque “mamá” se pasaba horas royéndola, pero él y sus hermanos preferían la leche.

Alex no conocía nada más, de modo que no sabía que el mundo era mucho más grande y que él había nacido en un laboratorio.

Cuando Alex y sus hermanos crecieron un poco fueron separados de su madre y distribuidos en diferentes jaulas. A él le tocó una similar a la que conocía y lo colocaron con otros ratones de su misma edad. Le costó un poco, pero la necesidad le enseñó a comer lo que colocaban más allá de los barrotes y beber de una especie de tubo largo y frío. Alex no conocía nada más, de modo que tampoco anhelaba más; se sentía bien con comida, agua y amigos.

Los días transcurrían iguales unos a otros y la única distracción consistía en jugar o pelearse con sus compañeros de jaula. Entre ellos había dos “chicas” y una de ellas, Tina, era rematadamente guapa y por ella se peleaban todos los muchachos. Pero Alex se sentía feliz porque Tina le prefería a él. Eran muy amigos, jugaban juntos, charlaban durante horas, dormían uno al lado del otro y estaban tremendamente bien en su rincón preferido.

El mundo de Alex se desmoronó cuando un día una mano abrió la jaula, cogió a tres ratones macho y a Tina… El pequeño roedor se sintió desfallecer porque adoraba a la pequeña y era su mejor amiga. Pasó tres días en un rincón esperando que la misma mano que se había llevado a la “muchacha” la devolviera a su lugar, pero transcurrido aquel plazo no ocurrió nada… Alex estaba deprimido y su alegría habitual se había convertido en una terrible tristeza. No tenía ganas de comer ni beber, solo quería estar con su amiga y no entendía qué había pasado porque para él toda la inmensidad del Universo no era más que una jaula de escasas dimensiones, y su mente ratonil no era capaz de imaginar otras cosas.

Pasados esos tres días, la misma mano que secuestró a Tina abrió la caja de nuevo y se llevó a Alex y dos ratones más. Asustado, con el corazón latiendo tan fuerte que le lastimaba las costillas, el pequeño roedor se sintió transportado a una jaula más grande… Allí estaba la pequeña Tina y los otros compañeros, pero su aspecto era lamentable. Todos tenían restos de sangre en el vientre y estaban en un rincón semi inconscientes. Alex corrió hacia su amiga, la lamió y se situó junto a ella para darle calor. Tina respiraba con dificultad y no decía nada… Apesadumbrado y temblando de angustia, el ratón permaneció en el mismo lugar sin atreverse a mover ni el rabo.

Otra mano cogió a Alex y lo sacó de la celda. Intentó resistirse porque no quería separarse de “ella” de la que estaba enamorado, aunque eso él no lo sabía porque era demasiado joven… Su fuerza, no obstante, no servía de nada frente a aquel ser grande y raro, vestido de blanco, que lo levantó en el aire sin esfuerzo cogiéndolo por la cola. Allí empezó el auténtico calvario: Por espacio de dos semanas, el pequeño ratón fue inyectado en el vientre y cada vez que lo hacían se sentía desfallecer. En ocasiones, la aguja era reemplazada por un agobiante canuto metálico que le introducían por la boca, hasta el estómago, y que llegó a perforarle la pared del esófago.

Alex y los otros dos ratones que cogieron con él se habían convertido en deshechos de piel y huesos. No comían apenas porque no se sentían con fuerzas ni para incorporarse. Estaban separados de Tina y el pequeño roedor sufría en silencio no sólo el dolor físico sino la separación de su amiga, a la que adoraba.

Unos días después ocurrió algo dramático que Alex y sus compañeros contemplaron con horror: Una mano se acercó a una jaula situada, al parecer, al lado de la suya. Cinco dedos cogieron a Tina por la cola y la elevaron en el aire. Alex contempló la escena sin saber qué estaba pasando, pero lo que acertaba a ver desde su emplazamiento era angustioso, y lo peor era que se sentía impotente e indefenso.
Aquella mano estrelló a Tina contra una repisa dura y luego la degolló. Los tres roedores contemplaron la escena presas del pánico y la desesperación; trataron de ocultarse unos bajo los otros y Alex sintió que con cada gota de sangre de Tina se iba un poco de la suya…

Le llegó el turno a él. Finalizado el experimento, Alex ya no era útil y su vida no tenía valor. También recibió un golpe en la cabeza, que le fracturó el cráneo, también fue degollado y su cuerpo se tiró a la basura…

Aquella existencia gris y llena de ansiedad y angustia había tenido un objetivo: Ayudar a la humanidad. Pero… ¿Qué sentía la humanidad por él, por Tina y por todos los millones de ratones sacrificados por su bienestar? Sólo asco y desprecio. ¡Eso era lo terrible! La vida de Alex y la de tantos otros había servido para que unos extraños seres, que eran los amos, vivieran mejor ¿Por qué, pues, no eran capaces de sentir un poco de gratitud? ¿Es que el hecho de ser los dueños y los dominantes no significaba que sus sentimientos estuvieran a la misma altura?

Pilar López Bernués

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Acerca de plbernues

Escritora y conferenciante de libros-forum.
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14 respuestas a ¿QUÉ SENTIMOS POR ELLOS? ¡ASCO Y DESPRECIO…!

  1. “Aquella existencia gris y llena de ansiedad y angustia había tenido un objetivo: Ayudar a la humanidad.”
    Tú misma lo has escrito, querida Pilar. No niego que sea una crueldad, pero es necesaria si la Medicina y la Ciencia quieren avanzar en pro de la raza humana. Lo mismo la muerte de ese ratón sirve para que un niño sobreviva a una leucemia. Y ante eso, querida amiga, me veo obligado a aprobarla.
    Saludos.
    Francisco

  2. plbernues dijo:

    Querido Francisco… Entrar a debatir lo éticos o no que son los experimentos con animales nos llevaría muchas páginas. Pero yo no pensaba en eso en el momento de escribir sino en lo ingratos que somos los humanos, porque en el caso de los ratones… ¿qué sentimos por ellos? ¡Pues asco y desprecio! Eso me parece egoísta e injusto.
    Besos.
    Pilar

  3. La disección y los experimentos con animales son clínicamente necesarios, eso es indiscutible, querida Pilar. Incluso se diseccionan cadáveres humanos, a fin de aprender a salvar vidas.
    Lamento mucho el destino de los ratones, pero no es comparable investigar con uno de ellos que matar un toro a lanzazos. No compares. En eso sí hay crueldad sin motivo, en lo de los ratoncillos no.
    Besos.
    Francisco

  4. plbernues dijo:

    Francisco… ¡Si ahora no hablaba de toros!!!
    No entro a debatir si es ético o no experimentar con animales, sólo intentaba decir (veo que no lo he conseguido) que la Humanidad podría sentir por esos seres a los que torturamos en beneficio nuestro un poco de gratitud, y quizá sentir por ellos algo mejor que asco y desprecio (sólo eso).
    Besos.
    Pilar

  5. Nadie creo que desprecie o sienta asco al ver a un cobaya o a un ratón de laboratorio, ni que un biólogo tenga un orgasmo cuando sacrifica a uno de esos animalitos.
    Las que suelen dar asco y asustan a las mujeres son las ratas, no estos otros animalitos. A estos se les cría precisamente para utilizarlos con fines científicos, si no es que ni tendrían razón de existir y seguramente no vivirían si no fuese en cautividad. Serían presa de otros predadores.
    Besos y buenas noches.
    Francisco

  6. plbernues dijo:

    Estimado Francisco… Cuando yo tenía 16 años adoraba la Química, de modo que el hecho de ser contratada por un laboratorio de la Facultad de Medicina me sonó a “música celestial”. Lo que vi allí supera a cualquier película de terror, porque se usaban conejos a los que se les inyectaba un fármaco, luego les extraían sangre de las orejas y cuando ya no había venas disponibles lo hacían directamente del corazón.
    Y no sólo se usan conejos y ratones (que, dicho sea de paso, son monísimos y yo me llevé dos a casa antes de que los mataran) también ratas blancas y cobayas.
    No sé dónde está escrito que ser la raza dominante nos autoriza a actuar desaprensivamente con el resto de seres vivos. Si experimentar con animales es ético o no (yo creo que no) no voy a discutirlo. Pero… ¿alguien piensa en la agonía que sufren millones de seres en beneficio de la humanidad? ¿Es justo sentir por ellos asco y desprecio? ¿Algún “Dios” nos ha nombrado líderes con derecho a pernada? Yo creo que no. Me es imposible creer en un “ser” “supuestamente espiritual” que nos haya marcado con el dedo para ser los favoritos cuando no somos más que un cáncer parta el planeta: Destruimos, aunque esa destrucción suponga nuestra propia muerte. Y yo no puedo imaginar a un ser espiritual que diferencie a unos “hijos” de otros… Esa injusticia, muy humana, no PUEDO NI QUIERO PENSAR que proceda de un alma evolucionada… Si los padres (generalmente) aman a sus hijos por igual ¿hemos de creer que un ser superior hará diferencias? Ese no es mi Dios, eso es el resultado de “humanizar” a Dios, colocarle todas nuestras miserias y pretender que, aunque ignorantes y sádicos, hemos sido marcados por el dedo de la divinidad… De ser así, la divinidad sería tan injusta como la justicia humana, porque yo no recuerdo haber hacho algo importante para haber nacido en la Tierra con dos patas en lugar de cuatro…

    Besos.
    Pilar

  7. Bueno, es que yo no tengo dos patas. Tengo dos piernas. 🙂
    Besos.
    Francisco

  8. plbernues dijo:

    Se me ha ido el dedo… Francisco… No nos pondremos de acuerdo porque tú sigues una religión y yo no, Y me pregunto: Si soy incapaz de ver vídeos en los que se tortura y mata a un animal indefenso ¿Dios sí puede? ¿Podemos creer en un ser “supuestamente” espiritual, que disfrute con las carnicerías? YO, NO. Como decía Einstein: “Sólo hay dos cosas infinitas, el Universo y la estupidez humana, y de lo primero no estoy seguro…”
    Hace unas semanas, en una terraza de mi terreno, encontré lo que me pareció un ratón, tenía una pata fracturada y lo cogí para evitar que mi gato Aneto se cebara con él. Lo puse en una caja de plástico, con algo de maleza para que le pareciera un nido y traté de alimentarlo… ¡Pero no era un ratón, sino un bebé de rata! Murió al día siguiente, entre mis manos… Si yo (una simple mortal imperfecta) puedo sentir ternura y amor hacia un ser indefenso he DE CREER QUE UN SER SUPERIOR estará por encima de mí….

    ¿Está escrito en la Biblia que TENEMOS TODOS LOS DERECHOS? A mí me paree que no… Y, de ser así: ¿hemos hecho algo especial para nacer con dos patas en lugar de cuatro? Yo no lo recuerdo… Y si la Naturaleza es cruel, en efecto, lo es en la justa medida. Si matar para vivir me parece monstruoso (y cuando me vaya Allá Arriba el que me lo explique tendrá que emplearse a fondo) hacerlo por placer NO TIENE NOMBRE. Y si utilizamos a “pobres ratones” para experimentar, lo mínimo que deberíamos sentir es gratitud, en modo alguno asco y desprecio.

    Besos.
    Pilar

  9. Querida Pilar, el hecho de que sea católico y que vaya a Misa no implica que crea lo que dice la Biblia, que considero un cuento para niños. O una forma de explicar la Creación del mundo y todo lo demás a un pueblo judío inculto en esa época. No se lo podían hacer entender de otra manera y como comprenderás no creo a pies juntillas que Dios crease el Universo en 7 días, cuando la Ciencia ha demostrado cosas muy diferentes.
    Tampoco creo que Dios, o el Ser Superior como me gusta llamarle, se relama de gusto cada vez que el hombre hace las barbaridades que hace todos los días. Luego, por favor, dejemos a Dios al margen que no tiene nada que ver en este asunto.
    Asimismo, tampoco creo que un biólogo mate a un inocente ratón por placer salvo que sea un sádico. Si lo hace, y tiene su corazoncito como lo tengo yo, será por obligación de aprender y para estudiar. Pero sentirá quizás más lástima que tú por ellos.
    También sacrificamos pollos, terneros, corderos, lechones para consumirlos, ¿no? Y no creo que por eso el matarife se considere un asesino ni disfrute haciéndolo. Es su trabajo, porque si no lo hiciese los demás no comerían. Y el hombre es carnívoro principalmente. A ver si me vas a hacer recordar esa película donde los niños lloraban cuando les servían el Día de Acción de gracias el pavo que habían visto crecer. Por favor, me parece muy bien que defiendas el salvajismo de alancear un toro pero cursiladas con un cobaya no.
    Al final vamos a enfadarnos y ya verás. 🙂
    Besos.
    Francisco

  10. plbernues dijo:

    Amigo Francisco… Es que imagino que yo SOY CONTRARIA a cualquier daño a un ser vivo, y en ese sentido… Mira, no soy vegana pero casi (tiempo al tiempo) Y si viviera sola ya lo sería por completo, pero como las plantas también están vivas y el hecho de que no las oigamos llorar de dolor, suplicar o sangrar no significa que no SIENTAN me mantiene aún en “dos aguas”, Pero, dejando a Dios aparte: NO PUEDO NI QUIERO ENTENDER ESA MONSTRUOSIDAD DE QUE ES NECESARIO MATAR PARA VIVIR. ¿La ha inventado Dios o el Diablo?. Y, con todos mis respetos, Francisco, si tú en lugar de haber abierto los ojos en la Tierra habitando un cuerpo de dos patas lo hubieras hecho en el interior de un ratón de laboratorio ¿opinarías lo mismo? ES QUE TODO ESO ME PARECE TAN MONSTRUOSO QUE NO CONSIGO ACEPTARLO…

  11. Simplemente, no opinaría porque no tendría inteligencia para hacerlo. Y no me vengas con lo de que ellos también piensan porque, a pesar de haber escrito una novela en la que los perros y gatos lo hacen y hablan, eso es pura ficción.
    Que pases buena tarde.
    Besos.
    Francisco

  12. plbernues dijo:

    Querido Francisco… ¡Los animales no piensan como nosotros, vale. No son capaces de inventar Internet! Pero… ¿Estás seguro de que no piensan? Piensan de otra forma, pero PIENSAN, y te lo puedo asegurar viendo a mi gato Aneto, que es un ser excepcional y DOY GRACIAS AL UNIVERSO por habérmelo enviado. Él entiende cuándo estoy bien o mal, y si me ve mal se deshace en cariñitos (al igual que el perro) los dos me AMAN por encima de TODO, y de ese amor nunca podré dudar, porque es auténtico. Y si hacen algo que me molesta, ya se las ingenian para hacerme entender sus puntos de vista… Ni te puedes imaginar la parrafada que me soltó Aneto hace unos meses mientras estaba en mis rodillas (y eso que los gatos no hablan apenas). Me dijo algo parecido a “Super-califrástico-espialidoso…” y ante mi mirada de asombro, cuando se quedó sin voz, me palmeó las mejillas y… ¡lo repitió! Cuando le dije algo así como: “Tío, llegaste sin manual de instrucciones” me miró con prepotencia (como hacen los gatos) y se marchó muy ofendido, con la cola tiesa… ¿No piensan? ¡Y tanto que piensan! Están en la etapa en que los humanos aún éramos neanderthales (vale) Pero… ¡Vaya si piensan!

    Y tienen honor y principios, Francisco… A los lobos se les ha acosado y exterminado durante siglos, se les ha “marcado” como seres diabólicos y, sin embargo, si dos lobos luchan y el vencido ofrece su cuello, el vencedor no lo matará; y los lobos viejos, que ya no pueden cazar, disponen de “escuderos” que cazan por ellos, los protegen y amparan (son lobos jóvenes) ¡Igualito que los humanos! ¡Igualito que la jauría de Tordesillas que, aunque el toro Moscatel (hace un par de años) logró salir indemne de una zona (no me preguntes cual) y si lo conseguía (según los estatutos) había ganado LO MATARON IGUALMENTE ¿Honor y principios? TENDRÍAMOS QUE MIRAR UN POCO MÁS AL REINO ANIMAL Y SER MENOS PREPOTENTES…Ellos sí tienen honor y principios, nosotros no. ¿Y somos tan prepotentes que nos consideramos lo mejorcito de la Creación? ¡Alucino!

    ¿Tú recuerdas haber hecho algo especial para nacer en un cuerpo de dos patas en lugar de cuatro? (yo no). Y aunque ese derecho se debiera por “méritos” propios, no puedo imaginar al supuesto creador de TODO y TODOS haciendo diferencias. Esas diferencias responden a esquemas humanos, no puedo NI QUIERO CREER, que también divinos. Y si yo (pobre mortal) soy incapaz de ver cómo se tortura y mata a un animal que, en algunos casos, como los ratones de laboratorio, viven una existencia gris e infrahumana para beneficio de la “humanidad” y me parece muy poco humano sentir por ellos asco y desprecio… ¡Qué esperar de un ser divino?

    Hace un par de meses, en una de las terrazas de mi casa, mi marido encontró lo que yo creí un ratón (no lo era, era una rata-bebé) La cogí, la coloqué en una caja de plástico y le fabriqué un pequeño nido (no quería que mi gato Aneto se la cargara) e intenté alimentarla… Murió al día siguiente, pero lo hizo entre mis manos, mientras intentaba transmitirle amor y ternura… ¡No sé qué hubiera hecho con ella de haber vivido, lo confieso! Pero… ¡Si yo, que estoy a la cola del mundo, puedo enternecerme ante un bebé indefenso (o un animal indefenso) Dios no puede hacerlo? ¡Ese no es mi Dios!
    Besos. Pilar

  13. Por supuesto que los animales piensan de algún modo, pero no razonan. Aman a quien les trata bien, eso está claro, y odian a quien les golpea. Pero eso es instinto, como el de un bebé de meses, Pilar. ¿O es que me vas a decir que mi nieto, con 8 meses, es capaz de razonar? Y claro que pensará algo, pero a saber el qué.
    Pilar, he tenido tres perros en mi vida. Y gatos, más de 15. Y me queda una perra gorda, de aquellas de nuestra niñez. Te la voy a tener que regalar al final. 🙂
    Besos.
    Francisco

    • plbernues dijo:

      Amigo Francisco… ¿Qué quieres que te diga? Cuando los humanos próximos me han fallado (o fallan) sé que puedo confiar en Aneto y Trex. Ni te imaginas lo tierno que resulta un gato ronroneando en la oreja, o dándonos por las mañanas besos de esquimal (nariz con nariz) Y mi perro, que ya es viejete, se quedaba en cada solo cuando íbamos a trabajar… Un par de veces que regresé antes porque me sentía muy mal se deshizo con caricias y lametones, entendiendo que no estaba bien y esforzándose por demostrarlo.

      ¡Claro que piensan! De una forma diferente, Francisco, pero lo hacen. Mira… Yo los puedo entender más o menos ( o no) pero ellos no sólo me entienden sino que se hacen entender. Aneto (el gato) sabe abrir las ventanas para pirarse de “botellón” No tiene fuerza suficiente, pero sabe perfectamente cómo abrirlas. Y cuando además de Trtex teníamos otro Pastor Alemán (ya murió) que era francamente inteligente, ocultaba información… Cuando yo me iba a trabajar me acompañaba a la puerta y esperaba el “rrrrrrrr” que significaba que había dado al pulsador… Jamás, delante de mí, la abrió pero mi marido y yo nos fuimos unos días de vacaciones y ¿sabes qué hicieron los perros? pues accionar el pulsador, abrir la puerta (que se abre hacia atrás) y darse un paseo por la urbanización para “cazar” perros. Nos llamó nuestro hijo y volvimos de inmediato. Ahora, aunque la puerta es la misma, hay una cancela a bastante altura para que el perro no pueda darle al interruptor y abrirla (el gato pasa entre los barrotes y es otra historia, ja, ja…)
      Besos.
      Pilar

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