SUSPENDIDO EL RESCATE DE ÓSCAR PÉREZ

He sentido el alma rota desde que supe que las tareas de rescate del montañero Óscar Pérez, accidentado y solo en el Lakot II, fueron canceladas… Y me he sentido así porque yo, en mi adolescencia, deseé más allá de lo posible (en mis circunstancias) ser alpinista… No nací en el hogar adecuado para ese propósito, ni siquiera con el cuerpo adecuado, ya que tengo un soplo en la válvula mitral… Es cierto que solía cansarme mucho en mis "escaramuzas", pero lo atribuía al desentreno, y seguí probado y probando (totalmente sola) porque siempre creí en esa "Leyenda Personal”que era MI VIDA… Lo que sí recuerdo es que llegué a afirmar a los 13 o 14 que prefería vivir en la montaña unos pocos años antes que toda una vida aquí abajo…

 

Cuando yo (adolescente) afirmaba que deseaba ser alpinista, no sólo me movía el color del riesgo y la excitación de la aventura, sino esa mágica solidaridad que se experimenta y se adquiere allá arriba ante circunstancias difíciles… El sabor incomparable del agua compartida y la decisión de subir, subir y hasta sufrir sin medalla alguna eran para mí (y siguen siendo) sinónimo de madurez personal.

 

Se me rompe el corazón al imaginar a Óscar, con una pierna rota, sin agua ni comida y a más de seis mil metros… Completamente solo, sin un simple teléfono de contacto… No sé si cuando se ha cancelado el rescate Óscar seguía vivo o no (espero y deseo que no)

 

Aunque en esta vida no he logrado el mayor de mis sueños: ser alpinista, siempre me he sentido muy cercana a todos ellos porque son mis "amigos", son mi "gente", y comparto con todos y cada uno ese entusiasmo por ir más allá sin que medie dinero, hinchas ni medallas.

 

Óscar… No te conozco en persona pero sé que te conozco, como conozco a los montañeros pasados, presentes y futuros porque formo parte de vuestra esencia y vosotros de la mía… ¡Me río cuando a jugadores de fútbol se los "tacha" de héroes y cuando en países tercermundistas como el nuestro deciden que cuatro-analfabetos-sádicos son valientes! La valentía y la heroicidad, amigo Óscar, no se dan a cambio de monedas, mucho menos masacrando a seres indefensos ni ante una jauría… (hablo de los toros, creo que lo has entendido). Ambas cualidades, el heroísmo y la valentía, forman parte de una "Leyenda personal" que, como el caso del alpinismo, rescata los mejores valores de esta sociedad enferma porque no se nutre de dinero, medallas ni espacios en TV. ¡Tú sí eres un héroe y un valiente! Y si hay un deporte (aunque el alpinismo es algo más) capaz de extraer lo mejor de cada ser humano, ese es el tuyo (el nuestro).

 

¡Ojalá, amigo Óscar, yo dispusiera de una tecnología capaz de llegar al punto en el que estás para rescatarte… ¿Cómo es posible que hayas pasado días y días, accidentado y sin apenas agua ni comida esperando un rescate que no va a producirse? ¡Qué terrible injusticia! Ya sé que tu rescate es casi imposible, compañero, pero hoy se me ha partido el corazón cuando se ha sabido que quedas ahí tirado esperando la muerte… ¡Mira la LUZ, sigue esa senda luminosa que, sin duda, te llevará a un lugar único y especial, porque tengo la completa seguridad de que somos mucho más que los 27 elementos químicos que forman nuestros cuerpos y porque "la energía no se crea ni destruye, sólo se transforma". Sal de este mundo enfermo, amigo Óscar, y mira con atención ese túnel oscuro pero con un atisbo de luz al final…

 

 

Camina hacia LA LUZ, Óscar, y pasa de este mundo-reformatorio en el que, parece obvio, habitamos los que tenemos mucho que arreglar… ¡Ni te imaginas cómo he seguido tu caso y lo mal que lo he pasado al oír que dejaban el rescate! A los montañeros se nos suele tachar de suicidas y se nos cuestiona, cuando en las aventuras solemos ir solos o con compañeros que han aceptado lo mismo y cada una de ellas nos pone a prueba como seres humanos y extrae lo más auténtico de nosotros mismos.

 

Tú sí eres un héroe, amigo Oscar, a pesar de que nadie repare en ti y pocos comprendan tu esfuerzo. Te imagino con una pierna rota, a más de seis mil metros, sin apenas agua ni comida… ¡Y se me parte el corazón! Cuando nuestra sociedad tacha de héroes a jugadores de fútbol, cantantes o es capaz de considerar valiente (y pagar) a un energúmeno que se pone delante de un toro machacado y humillado, siento ganas de vomitar… ¡Qué indefensión y qué dolor!

 

No puedo volar al Karakorum para ayudarte, Óscar, pero no te quepa la menor duda de que estás en mi corazón  y en el de todos los amigos que te lloran ahora mismo. Los lazos de amor y amistad nunca se rompen… ¡Algún día, montañero, podremos tomarnos una caña y charlar! ¡No tengo lo más mínima duda!

 

Y como buen alpinista has terminado tus días en la montaña, escribiendo una página más de superación, altruismo, valentía, sacrificio y valores humanos… Eso nadie podrá arrebatártelo, ni siquiera el Lakot II. Hasta siempre, amigo Óscar.

 

 

 

          

 

 

 

 

 

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Acerca de plbernues

Escritora y conferenciante de libros-forum.
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