LOS VALORES DE LA CIVILIZACIÓN

HISTORIA DE TRES "ESTRELLAS"

                        El profesor "A", al que resguardaremos en el anonimato, tenía 80 años. Acababa de subir al Boeing que le llevaría más allá del Atlántico y, mientras las azafatas ayudaban al pasaje a acomodarse y el avión se preparaba para las maniobras de despegue, el profesor "A" meditaba con los ojos entornados y la espalda recostada en el asiento. Era viejo y se sentía cansado; su avanzada edad era lo que le había permitido viajar en primera clase, ya que los bolsillos los tenía vacíos; de hecho pudo permitirse el viaje gracias a su hijo mayor, que corrió con los gastos, hizo la reserva y se preocupó de todos los pormenores, incluyendo una plaza cómoda. En aquel instante, relajado, recordó con todo lujo de detalles su vida pasada: Había nacido en una familia de posición media. Desde muy joven sintió el deseo de hacerse científico, de investigar y de contribuir con su "granito de arena" al desarrollo y bienestar de la humanidad… Seres como Edison, Curie o Einstein fueron sus ídolos de juventud y espejos en los que se miró muchas veces. Durante años trabajó para costearse sus estudios y, finalizados éstos, siguió trabajando para pagarse una investigación en la que creía y que, por discrepar de los canones establecidos en Universidades de todo el mundo, tuvo que financiarse con su propio esfuerzo. El profesor "A" trabajó día y noche en su proyecto y ello le llevó primero a la ruina y luego a su ruptura matrimonial. Sí… Berta jamás entendió que la investigación fuera tan importante; pero él sabía que estaba cerca, que lo iba a conseguir, que la fórmula que curaría aquella enfermedad terrible era sólo cuestión de tiempo… Recostado en su asiento, el profesor "A" pensó en sus hijos, a los que apenas dedicó atención, y que se hicieron hombres creyendo que tenían un padre excéntrico, raro y poco amistoso ¡Era una pena! Sólo le quedaba una oportunidad y era dedicarse un poco a los nietos ahora que la fórmula estaba ya en el maletín… Sí, a sus 80 años, había pasado por todo tipo de vicisitudes para conseguir ese descubrimiento del que se beneficiarían los seres humanos. Sabía que había sido injusto con la familia, a la que adoraba, pero a la que no dedicó demasiada atención ni supo demostrar todo el afecto que les tenía, aunque la causa fuera buena… Quizá fuera buena para los demás – pensó – pero no lo había sido para los suyos… Recordó también las burlas de algunos colegas, la incomprensión, los números rojos en el Banco… ¡Qué se iba a hacer!

                        De pronto, el profesor "A" se sobresaltó al oír un tumulto en el exterior del Boeing: Miles de jóvenes aullaban el nombre de un ídolo, al que llamaremos "B" y,que al parecer, era un cantante famoso. Un cordón de seguridad le separaba de sus fans, que gritaban sandeces del tipo: "Queremos un hijo tuyo". Cuando "B" consiguió subir al avión, rodeado de guardaespaldas, lanzó una sonrisa burlona y despreciativa a la masa que estaba abajo, más allá de la terminal, pero que hacía más ruido que una estampida de búfalos. Uno de los que le acompañaban, quizá su representante, dijo algo así como :"En la portada del próximo disco aparecerás con unos vaqueros marca “(..)”. He firmado por mil millones, tío.". Las últimas palabras hicieron que el profesor "A" levantara la vista. A sus ojos apareció un joven de unos 25 años, con melena, tejanos y una camiseta raída pero de marca "x"… Cantar, sólo cantar más o menos bien, ¿podía ser tan importante?.

                        El profesor dejó de pensar en "B" y sí lo hizo con tristeza en sus fans. ¿Qué mérito tenía aquel muchacho para enloquecer a la multitud, para que lo endiosaran? A buen seguro nada conocían de él, de su forma de ser, su punto de vista, sus ideas políticas o filosóficas, si las tenía. Sólo sabían que cantaba, les gustaban sus canciones y ello les hacía enloquecer… ¿No estaría la sociedad enferma? ¿Era lógica semejante actitud?

                        El Boeing inició las maniobras de despegue y se dispuso a viajar más allá del Atlántico, aunque en unas horas debería hacer escala.

                          El profesor "A" aceptó el zumo de frutas que le ofreció la azafata y volvió a sumirse en sus pensamientos. Estaba satisfecho porque en el maletín llevaba la "fórmula". Casi al final de su vida había dado con ella y le enorgullecía pensar en todas las vidas que iba a salvar. Quizá consiguiera, cuando se la aceptasen, pagarle al casero el mes de alquiler que le debía y hasta comprarse un equipo nuevo de discos compactos porque el otro ya fallaba mucho… Deseaba escuchar con nitidez sus piezas clásicas, esas que tenían la virtud de serenarle e inspirarle…

                          Cuando el avión tomó tierra en la primera escala, el profesor "A" abandonó el aparato con el resto del pasaje. Entre dos azafatas le ayudaron a caminar hasta la terminal por el interior del brazo mecánico… En cuanto llegó a la sala de espera vio de nuevo una multitud histérica más allá de los cristales. Aclamaban a "B", llevaban pancartas con su foto, y enloquecían tratando de ver a su ídolo, ya no digamos tocar algo de él. El profesor se dirigió a la cafetería y esperó allí la hora y media que tardaría el avión en despegar.

                        El alboroto en el aeropuerto era inmenso, pero se duplicó cuando apareció el jugador de fútbol "C" que, por lo visto, era un delantero impresionante y líder de su equipo. Todo parecía indicar que también viajaría en el Boeing hasta la otra punta del Atlántico… Una nueva multitud histérica se dedicó a aclamar a "C", a pedirle autógrafos y alargar los brazos en un intento desesperado de llegar a él. El profesor sonrió con tristeza y abrazó su maletín. Otro colega suyo estaba al corriente de su descubrimiento y había conseguido una recepción para él en “aquella” Universidad. Daría una conferencia, expondría sus teorías, enseñaría su fórmula final… Por fin, después de tantos años, podría mostrar su hallazgo. El "profesor" estaba tan contento e ilusionado como un jovencito y también visiblemente nervioso.

                        Las dos azafatas acomodaron nuevamente al anciano en su asiento del Boeing. Fue el primero en subir, a causa de lo avanzado de su edad; tras él lo hicieron "B" y "C" ambos con todo un séquito de representantes y guardaespaldas. Ese grupo de personas y él eran los únicos que ocupaban plaza de primera clase. Cuando estuvieron acomodados corrieron una cortina de separación y se permitió subir al resto del pasaje por una puerta situada en la cola y otras en los laterales, lo hicieron así para evitar las escenas de histerismo.

                        El avión despegó y el profesor entornó nuevamente los ojos. Esa era la etapa final, quizá también la de su vida, y se sentía satisfecho. El cantante "B" se colocó unos "cascos" en las orejas mientras sus representantes discutían algo sobre contratos millonarios. El jugador de fútbol "C" se dedicó a la película que estaban pasando y sólo prestó atención a uno de sus hombres cuando le comentó que pensaba pedir una cláusula de rescisión de contrato de sesenta mil millones. Aquella cifra "rebotó" en la mente del profesor, a la que le faltaban ceros para darle forma.

                        El avión aterrizó más allá del Atlántico bajo un aguacero. Se agolparon en el aeropuerto multitud de fans de "B" y "C", que salieron custodiados por fuertes medidas de seguridad. Los gritos, escenas de histeria y aclamaciones masivas se sucedieron entre los partidarios de "B" y "C" como si se tratara de un partido de tenis, y los periodistas y fotógrafos iban como locos dando codazos y abriéndose paso entre la gente.

                        Cuando las azafatas acompañaron al profesor "A" hasta la zona de recogida de equipajes, el tumulto ya iba disminuyendo porque los fans corrían tras sus "dioses". Un poco después, el profesor, aferrado a su maletín, caminó tambaleándose hasta la salida. Pensó que tal vez algún colega habría ido a esperarle, o quizá la Universidad habría enviado un coche; quizá un periodista despistado reparase en él… La terminal de llegada, no obstante, ya estaba completamente desierta.

 

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Acerca de plbernues

Escritora y conferenciante de libros-forum.
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