HISTORIA DE UN ABETO “BEBÉ” (2ª parte)

                             

 

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  -¡Uf! Cuando pasó la tormenta no sabían cómo animarme. Estaba tan asustado que no conseguía articular palabra, y hasta Gruñón trató de darme una palmadita de consuelo… ¡Pero ahora ya soy más valiente y el agua no me impresiona! ¡Bua… bua…!

                                -¿Y Canario?

                                -Canario era viejo como Gruñón, pero muy bueno y muy cariñoso… Siempre me hacía sombra cuando había demasiado sol. A él le gustaban los pájaros.

                                -¿Por eso le llamabais Canario?

                                -¡Claro! Canario cuidaba muy bien de los polluelos. Los tapaba del frío y del calor, los acunaba cuando el viento era favorable y podía mover sus ramas, y también  les cantaba canciones…

                                -¿De veras? ¿Canciones…?

                                -¡Sí! ¿O crees que un abeto no sabe cantar? Además cuando los padres de los pequeños iban a buscar comida Canario les explicaba historias…

                                -¿En serio? ¿Qué clase de historias?

                                -¡Pues de bosques, naturalmente! Entonces, Gruñón protestaba por el jaleo y por tener que oír año tras año los mismos cuentos. Charlie aprovechaba para meterse con él y recordarle que sus ramas seguían impecables y acto seguido Gruñón se enfadaba más y acababa chillando. Decía que Canario era una niñera y Charlie un impertinente…

                                -¿Y Arquímedes y Galileo?

                                -No entraban mucho en esa clase de discusiones. ¡Es que eran abetos científicos! Estaban muy ocupados con la Astronomía y la Meteoro… Met…

                                -¿Meteorología?

                                -¡Eso! ¡Vaya nombre!

                                -Ya veo, se pasaban el día estudiando.

                                -Sí, y hablaban mucho entre ellos. A veces decían cosas que nadie entendía.

                                -¡Todos los sabios van a lo suyo!

                                -De todas formas, una vez que Gruñón se puso colorado de rabia y Charlie se destornilló de risa cuando lo vio tan rojo, sí que intervinieron. Dijeron que Charlie era un "ignorante-presuntuoso". Entonces él los llamó "comecocos-aburridos". Canario siempre acababa poniendo paz.

                                -Canario… ¡Debía ser un buen tipo!

                                -¡Sí! Y Arquímedes y Galileo también. Lo que pasa es que como eran genios siempre andaban un poco despistados.

                                -Claro.

                                -Pero a mí me gustaba mucho escucharles. Por la noche mirábamos las estrellas y seguíamos su movimiento. Según Gruñón, estábamos mal de la cabeza, pero Canario me animaba y decía que yo era un abeto muy aplicado… ¿Sabes qué constelación me gusta más?

                                -¿Cual?

                                -¡La Osa Mayor! Con Arquímedes y Galileo jugábamos a ponerles nombre a cada una de sus estrellas ¡Era divertido! Unas veces sólo valían palabras con vocales distintas, otras tenían que ser iguales, o con más de seis letras… Charlie siempre decía que no había ningún nombre tan "GUAI" como "Charlie", pero lo hacía porque no se le ocurría ninguno… Es que muy listo no era ¿sabes? A él no le gustaba estudiar.

                                -Sí, ya me lo parece.

                                -Pero era simpático y divertido – recordó P.A. mientras se contenía para no llorar de nuevo y la frágil rama que yo sostenía entre mis manos se estremecía. Por fin, mi amigo se repuso un poco y continuó:

                                -A Gruñón no le gustaba jugar y refunfuñaba porque era de noche y quería dormir. Canario, entonces, sonreía dulcemente y me decía que yo era un abeto muy estudioso, que aprendía muchas cosas y que se sentía orgulloso de mí.

                                -¿Donde están ahora tus amigos?

                                -¡Bua… Bua….!

                                -Calma, pequeño, cuéntame…

                                -Un día… ¡Bua…!

                                -¿Qué ocurrió?

                                -Un día vinieron unos hombres con una cosa brillante que hacía mucho ruido. ¡Bua… Bua…!

                                -¿Una cosa que hacía ruido?

                                -¡Sí! ¿Y sabes qué hicieron? ¡Atacaron a Gruñón! ¡Lo partieron por la mitad! Bua… Bua… ¡No sé por qué! ¡Gruñón no les había hecho nada! Bua, bua… Luego mataron a Canario, a Arquímedes y a Galileo…

                                -¡Pobre P.A.!

                                -Un hombre me miró a mí y yo empecé a temblar… No podía correr, no podía moverme… Yo sólo veía aquella cosa brillante que había matado a mis amigos.

                                -¿Y qué pasó?

                                -El tipo me miró con desdén y refunfuñó. Dijo que me dejaba para más adelante porque soy muy canijo. Oí algo parecido a "Navidad" ¿Tú sabes qué es eso?.

                                -Sí. Una fiesta alegre, con luces, regalos, villancicos.

                                -¡Ah! Volví a oír esa palabra cuando cogieron a Charlie… Como era tan bonito se lo llevaron con raíz y dijeron que lo pondrían en una maceta ¿Eso que es?

                                -Bueno… Un recipiente más o menos grande; se llena de tierra y se planta un árbol en su interior.

                                 -¿Eso es verdad?

                                -Me temo que sí, P.A.

                                -¿Y si Charlie no cabe?

                                -¡Sí que cabrá!

                                -Oye… He “oído” que esas macetas estarán en un "sitio" donde no se mojará los días de lluvia ¿Puede ser?

                                -Sí, claro, en una casa.

                                 -¡Pobre Charlie!¡Pasará mucha sed!

                                -Quizá lo rieguen de vez en cuando…

                                -También me han dicho que en esos sitios, en invierno, tienen unas "cosas" que dan calor… ¿Tú te lo crees?

                                -Sí, es verdad, P.A. En las casas hay calefacción durante el invierno.

                                -¡Charlie se asará!

                                -A los abetos os gusta más el frío ¿verdad?

                                -¡Pobre Charlie! ¡Con lo presumido que es se deprimirá cuando tenga las hojas secas! ¡Y si le cuelgan adornos en las ramas se sentirá ridículo! Aunque yo no sé qué es eso de adornos…

                                -Pues son luces de colores, pequeñas figuras, guirnaldas…

                                -Pobrecillo… ¡Con lo que cuida él de su aspecto!

                                -Bueno, después de las fiestas, seguro que lo plantarán en alguna montaña…

                                -¡No vivirá! Estará seco, dolorido, humillado y deprimido, al lado de árboles que no conoce… ¡No sé qué prefiero que hagan conmigo cuando vuelvan a decir esa palabra tan rara! ¿Cómo era? Na… Nav… ¿Navidad? ¡Bua, bua…!

                                Sin estar segura de lo que podría hacer, prometí a P.A. que iría a verle de vez en cuando y de que lo protegería. Pero él, sólo y desamparado en el claro que antes habitaban sus amigos, únicamente contempló los “muñones” de madera que un día fueron abetos que una sierra mecánica mató y que ya estaban cubiertos de hierba y hojarasca. P.A. se estremeció entre mis manos y siguió llorando.

                                ——————————-

                                Han pasado algunos meses desde que conocí al pequeño abeto. Estoy de nuevo en el mismo bosque pero ahora sólo tengo delante el cadáver calcinado de P.A.

                                Me estremezco al pensar que él, solo y sin amigos, no pudo correr, ni siquiera gritar. ¡Pobre P.A.! Tenía miedo de la Navidad pero ignoraba que, antes de la siguiente, le esperaba el verano y lo que "aquella cosa brillante" no destruyó remataría el fuego algunos meses después.

                                Miro ese tronco frágil y quemado y pienso en P.A. como un ser irrepetible, porque todo cuanto existe lo es. Me gusta saber que en el Universo no hay nada que sea absolutamente igual a otra cosa… Eso hace que mi pequeño abeto sea único y no deje de existir.

                                Siento el corazón oprimido porque estoy encima de un cementerio, sin tumbas ni lápidas, pero repleto de cadáveres. Y ya que el lugar es apropiado para un epitafio quiero dedicar las últimas palabras a mi amigo, a su tronco calcinado, a su inocencia y curiosidad infantil, a esas múltiples bellezas suyas que no llegué a conocer:

 

                                "Ojalá, P.A. estés ahora en el interior de un piñón esperando la próxima primavera… Ojalá, cuando veas de nuevo el cielo y el sol, te asombres otra vez y tengas amigos a tu lado que te cobijen y jueguen contigo… Ojalá, P.A. nazcas en el rincón más inaccesible de la montaña más inexpugnable y entonces, quizá, dejarás de ser P.A., un "Proyecto de Abeto" y logres convertirte en un árbol adulto y sabio como Arquímedes, Galileo o Canario.

 

               Te prometo que, por las noches, buscaré en el Cielo la Osa Mayor y cada vez que la contemple pondré tu nombre a la más brillante de sus estrellas."

 

LO QUE NO DESTROZAMOS EN NAVIDAD LO REMATAMOS EN VERANO…

EL ÁRBOL DE PLÁSTICO SIEMPRE SERÁ MÁS ECOLÓGICO Y MENOS SINIESTRO QUE UN SER VIVO ARRANCADO DE RAIZ, O VIVO PERO TORTURADO MIENTRAS VA MURIENDO A TOQUE DE VILLANCICOS Y ZAMBOMBAS. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de plbernues

Escritora y conferenciante de libros-forum.
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2 respuestas a HISTORIA DE UN ABETO “BEBÉ” (2ª parte)

  1. Jose dijo:

    Bueno, practicamente lo mismo que dije en el anterior comentario lo diría en éste: naturalidad, frescura, fluidez en los diálogos y algo más: TERNURA, pero no de esa ternura que algunos confunden con el ternurismo, sino hablo de esa ternura auténtica, que nace del corazón, tremendamente humana, solidaria con el mundo, sensible a lo que le rodea…
     
    Es tu estilo de contar las cosas. Te sientes cómoda contando las cosas así. Creo que puedes encontrar un público que disfrutará muy mucho con tus cuentos, historias… , se me antoja visualizar una serie de personas, alrededor de una chimenea, y tú contandoles la historia del abeto-bebe y gracias a ti, a tu magia, volver a ser niños por unos instantes.
    Ese es tu poder. No lo dejes apagar, desarrollalo, sin miedos… siento tu misma, narrando del modo que te sientas más cómoda. Sabes trasmitir y eso es lo más importante, aunque posiblemente el estilo te salga de manera automática, por eso te da la impresión que descuidas lo literario, quizás sea más intuitiva de lo que te crees.
     
    Besos y feliz año
     
    Josephb

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